EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS


EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS

Estoy seguro que la gran mayoría se sintió identificado cuando vi esta película en los momentos que eras estudiante o lo sigues siendo.  La historia puede ser perfectamente humana en ese sentido, ya que la misma está protagonizada por un grupo de jóvenes estudiantes de una escuela de gran calibre los cuales no tienen muy claro su lugar en el mundo y que no quieren hacer lo que otras personas, ya sean sus padres, les mande. Todo cambiará con la llegada del enigmático profesor Kippling, que les hará replantearse sus ideales y darán respuesta a muchas preguntas relacionadas con la vida y su futuro.


Esta película no tendría ese aroma especial si no estuviera en su elenco haciendo el papel del mentor el señor Robin Willians. No solamente hizo que las vidas de ellos fueran extradiordinarias, también a nosotros nos hizo pensar y cambiar ciertas ideas erróneas. No te bases en unas reglas tópicas y tradicionales, sé diferente y aprovecha el momento; como bien dice el maestro durante el metraje, carpe diem.


Posee algo especial que recordaremos para siempre, un guión que está lleno de frases que podemos perfectamente llevarlas a nuestro día a día y acordarnos de ella cuando peor lo pasemos. Nos hace vivir la literatura de manera distinta. No es esa asignatura pesada que nos tenemos que tragar durante la semana, en la que deseamos mirando constantemente las agujas del reloj que acabe ese sufrimiento. Ya no sentimos eso. Porque la poesía no está hecha para leerse solo porque sea bonita, es arte y pasión. Ahí te das cuenta como una película te llega a voltear las ideas por completo, de ahí nace la magia del cine.


Para que cada verso de esa poesía se puede acompañar mejor, la música es necesario. El compositor añade toques electrónicos en su banda sonora, además de temas legendarios, como Beethoven.


Una fotografía maravillosa recreando esos ambientes británicos de años antiguos, con sus atardeceres inmensos, dan un plus a la película de lo que ya tenía. Digna de recordar.

Mil gracias, John Willans. En paz descanse.

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