ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS: Agatha puede quedarse conforme


Si hay una persona que merece mayor respeto del que le han dado en sus adaptaciones es Agatha Christie. La ya fallecida autora fue un estandarte y lo sigue siendo hoy en día en el mundo literario, dentro del género del suspense. Ella se adueñó del terreno e hizo suyo muchas de las características del thriller. Innovó en planteamientos, finales sorprendentes con sus giros inesperados. Es por ello que no se entiende que no haya habido en el pasado una adaptación de algunas de sus obras cumbres con una calidad medianamente buena. Todas son consideradas basura.


Este año hubo un valiente héroe dispuesto a romper esta triste mala racha. Kennet Branagh intenta adaptar uno de los clásicos de Christie y se esfuerza en ello. Se planta en créditos encarnando al personaje memorable Hercules Poirot y, a su vez, dirige detrás de cámaras. Busca desde la primera toma que el espacio que rodea a la película sea bonito. Nos lleva de viaje por rincones exóticos desde el muro de las Lamentaciones en Jerusalén hasta las montañas nevadas del Báltico. Quiere lucirse en fotografía, que el paisaje atrape la esencia que la autora británica tanto buscaba en su novela. Promete para futuras nominaciones sin duda: cada prenda que llevan los personajes no desprende ningún aire de pobreza. La alta realeza de actores se visten al estilo clásico y cada detalle de la producción representa un aroma antiguo que tanto se desea recordar.

Dentro del tren, nos encontramos con que zarparemos al lado de pasajeros de primera categoría. El genio Poirot compartirá las degracias del asesinato junto a princesas (Judi Dench), profesores (Willen Dafoe), misioneras (Penélope Cruz), gánsters locos (Johnny Depp) o mujeres que no dejan de ser sensuales a pesar del paso del tiempo (Michael Pheiffer). Es el atractivo del filme y nadie lo niega. Una lista de famosos que solo saben escupir premios de la interpretación. Verlos interactuar entre ellos por primera vez saca las emociones de los cinéfilos a rebosar. El tren sigue su cauce hasta llegar a su destino y de repente, se para de forma brusca. Nos hemos quedado parados después de haber estado disfrutando del trayecto.



Esto es lo que sufre la película a mediados del film exactamente. Después de un principio extraño pero efectivo, sirviendo para mostrar la extravagante personalidad de Poirot y conectar las tramas de los demás, el tren se queda averiado en una tormenta y el asesino en ese instante actúa. La película intenta seguir un desarrollo corriente de investigación, aunque para nada es corriente. Se toma muchas comodidades para plantarte todas las piezas del puzzle en tu cara. Las ideas vienen solas sin explicación aparente. Es crucial que una película de suspense se construya el misterio a fuego lento para romper en el final. Se sacan conclusiones precipitadas a ritmo muy vertiginoso.



Con suerte, han enviado personas para desatascar el problema. Ahora podemos partir y recuperar el ritmo. Este el ejemplo del final: con las ideas rápidamente concluidas, Poirot desenmascara a los acusados y les pone delante de él. Lo que viene rompe con una carga dramática y emotiva, acompañado de una banda sonora destacable. Para terminar, se deja un momento fan-service para los que aman a Agatha Christie que representa un proyecto importante de futuro.



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